Cada vez más bioingenieros definen su campo de acción asociado a la medicina y a proyectos que conciben su desarrollo a partir del trabajo conjunto entre profesionales y demandas sociales.

En torno a la mejora de la calidad y a la evolución de la esperanza de vida, Argentina desarrolló notables avances en tecnología para la salud. Según datos de Naciones Unidas, para el año 2050 el hombre podrá vivir hasta los 120 años. A través de avances en diagnósticos tempranos, en investigación genética y en tecnología aplicada a la medicina, las innovaciones y el trabajo conjunto entre profesionales de la salud y de otras ramas, como por ejemplo la ingeniería, permitirán concebir un nuevo modelo basado en la prevención y el seguimiento personalizado. Juan Pablo Tripodi es Bioingeniero. Se recibió en el 2000 de la Facultad de Ingeniería de la UNER. Fue durante los últimos años de la carrera y a partir de una pasantía, cuando consolidó lo que luego sería el desarrollo de producción tecnológica para equipamiento médico. Actualmente es el Director Técnico y responsable del área de investigación, innovación, diseño y desarrollo de la empresa ECCOSUR, con sede central en CABA y  una oficina en Paraná donde trabaja casi todo el personal de su área. 

-La creación de productos de innovación tecnológica no solo sirve para satisfacer demandas sociales, sino que también mejora la posición que ocupa nuestro país en determinadas ramas de la industria. Al respecto, ¿cómo analizas la relación entre los productos que crea la ciencia con las necesidades sociales y/o productivas? Y ¿cómo fue el recorrido de Argentina en los últimos años en la industria médica y qué lugar ocupa hoy en día?

-En el ámbito público, poco a poco la ciencia incorpora las demandas sociales y productivas a sus creaciones. En las universidades y las agencias de ciencia y tecnología se observa un cambio que las transforma y que potencia su vinculación con el medio. La investigación aplicada y servicios a terceros de las unidades académicas están cubriendo en gran medida las necesidades que tenemos las industrias locales.

En el ámbito privado estas demandas sociales y productivas son interpretadas y generan el impulso necesario para la investigación, diseño y desarrollo de soluciones aplicadas, tanto en productos como en servicios. La cuestión económico financiera y la escala del problema suelen ser los factores limitantes para que las soluciones se vuelvan una realidad. La industria médica en la Argentina ha crecido notablemente en los últimos años. Convergieron varios factores que potenciaron el fortalecimiento de la industria en general, con más consumo interno, menor acceso a productos importados, algo más de acceso al crédito y tecnologías de producción mejores y más accesibles.

-En ocasiones cuando no existe un desarrollo industrial en un área específica, sucede que es el profesional o en asociación con otros pares quienes deben impulsar sus propios emprendimientos. En este sentido, ¿cuáles fueron los motivos que los llevaron a crear ECCOSUR y cuál es la situación de la empresa hoy en día?

-Nuestra vida profesional comenzó como desarrolladores de productos con componente principal software. Éramos tres bioingenieros: Lucas Fal, Sebastián Ordás y yo. El padre de Lucas nos dio  una mano fundamental en lo económico. Nuestro primer producto llegó a la etapa de comercialización en octubre de 2001. Al mes, de un día para el otro, nuestro país cambió para siempre. Y nuestras expectativas también. Después de intentar varios caminos, descubrimos que no podíamos hacer el desarrollo al mismo tiempo que la comercialización. Además, no teníamos el capital para vender en Argentina en el tiempo adecuado.

De este modo llegamos a Sirex Médica S.A., una empresa que importa y vende equipamiento médico y que en ese momento estaba interesada en el desarrollo, la producción y comercialización local. Conformamos una alianza, donde nosotros aportábamos el trabajo y los productos, mientras que Sirex aportaba la estructura comercial y financiera. Esta asociación prosperó con la venta de los primeros productos y se transformó definitivamente en Ekosur S.A.: una empresa dedicada al diseño, producción y comercialización de equipamiento médico, además brinda capacitación y servicios vinculados al diagnóstico en cardiología. Nuestra marca comenzó a ser conocida en el mercado por calidad de producto y atención posventa. Con este enfoque, encontramos una disposición excelente en nuestros clientes que nos aportaban sugerencias de mejoras en nuestros productos y necesidades no cubiertas, así como ideas de nuevos productos que pudieran sustituir otros de mayor costo o con prestaciones insuficientes.

Actualmente nuestra empresa es líder en el mercado local y tenemos distribuidores en toda Latinoamérica y España. Tenemos socios comerciales en Brasil y estamos desarrollando otros mercados internacionales. En el ámbito nacional, además de la comercialización privada, estamos colaborando tecnológicamente con varios proyectos gubernamentales, en algunos casos desarrollando productos a demanda y, en otros, modificando productos existentes para cubrir necesidades particulares.

-La Universidad tiene una larga trayectoria en la formación de recursos humanos con una perspectiva hacia la innovación científica y el emprendedorismo. ¿Qué herramientas (académicas, aptitudes, relaciones sociales, etc.) te brindó la UNER para el desarrollo de tu actividad científica y profesional?¿Y sobre qué temas o aptitudes pensás que se debería hacer énfasis en la formación de profesionales para la década que viene?

-Considero que fue fundamental el enfoque curricular amplio que tuvo y tiene mi carrera en la FIUNER. Profesionalmente es muy importante estar capacitado para afrontar el cambio de las condiciones del entorno, donde ser versátil y tener una visión innovadora te da ventajas de subsistencia (en algunos casos) y de mejora (en otros). En el aspecto científico, además de que ser adaptables muy importante, la perspectiva orientada a brindar herramientas más que conocimiento específico, es el  camino óptimo.

Desde el punto de vista de las relaciones sociales, creo que es enriquecedor tener un trato más personalizado con profesores, autoridades y personal de servicio, cuestiones que son menos probables en facultades más grandes. En mi caso, la participación activa en la política universitaria potenció y mejoró la forma de relacionarme con otras personas, sobre todo en el ámbito profesional.

Respecto a dónde poner énfasis en la formación a futuro, creo que es fundamental incluir la formación en tecnologías de la información, incluyendo las redes sociales, ya que son trascendentales en nuestra vida cotidiana. La principal virtud que debe mantener la universidad es brindar canales activos para la incorporación rápida de las nuevas tecnologías en las carreras de grado.

-Por último, ¿de qué manera considerás que las universidades pueden aportar al desarrollo de emprendimientos? ¿Cuáles son las principales necesidades que tienen los emprendedores?

-Lo más adecuado es la incubación de empresas y la inserción en polos tecnológicos, algo que se ha anunciado muchas veces en nuestra provincia pero que aún no se ha plasmado. Los emprendedores tienen necesidades muy variadas. Espacio físico, acceso a servicios básicos (Internet, telefonía, limpieza) y acceso a instrumental de laboratorio, entre otras. Institucionalizar la cobertura de esas necesidades podría ser una experiencia previa a la incubación de empresas “tradicional”.

En general un asesoramiento para el estudio del mercado y la generación de un plan de negocios serio, o con posibilidades ciertas de éxito, puede ser imprescindible para un proyecto emprendedor. Contando con estas herramientas se tiene más oportunidad de acceso a la financiación pública y/o privada. También es necesario el asesoramiento económico y financiero, hasta que el proyecto cuenta con bases sólidas desde donde crecer. En muchos casos la universidad puede colaborar en el desarrollo del proceso de gestión de calidad del proyecto emprendedor y, en los casos que aplique, prestar apoyo en la adecuación de los proyectos para cumplimentar requisitos regulatorios.

Creo que en nuestra universidad existe una excelente oportunidad para colaborar con sus egresados, emprendedores, principalmente porque la interacción alumno/universidad/comunidad y la calidad educativa, configuran un ambiente propicio para que seamos muchos los emprendedores que nos formamos allí.

 

 

 

 



 

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