Crédito: Pixabay, Molly Campbell Escritora científica @mollyrcampbell

Los investigadores han llevado a cabo estudios de asociación en todo el genoma de más de 470.000 personas para explorar si hay variantes genéticas que permitan predecir si un individuo se involucrará en un comportamiento sexual con un congénere del mismo sexo.


El estudio de casi medio millón de personas encuentra que no hay un único “gen gay”


29 de Agosto de 2019 | por Molly Campbell, escritora científica, Technology Networks

 

"Taylor Swift nos dice que la sombra nunca hizo a nadie menos gay y tampoco lo hará esta investigación”, - Dr. Traude Beilharz, Investigador Senior en el Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Monash.

Ciencia: Una búsqueda perpetua de explicación

La investigación científica se esfuerza por explicar todos los aspectos de la vida –que hace que una persona esté sana, por qué sufrimos de enfermedades, por qué nos involucramos en ciertos comportamientos, e incluso qué motiva nuestra orientación sexual.

Es posible que quien lea esta nota esté familiarizado con la escala Kinsey. Publicada por primera vez en 1948 por Alfred Kinsey, Wardell Pomeroy y Clyde Martin, la escala tuvo en cuenta los hallazgos de investigación que demostraron que los individuos no encajaban exclusivamente en categorías heterosexuales u homosexuales. Como resultado, la escala mide la sexualidad en un continuo, desde exclusivamente heterosexual hasta exclusivamente homosexual.


Aunque Kinsey recibió muchas críticas por sus métodos de investigación y la amplitud de sus afirmaciones, se podría decir que inició la investigación sobre la orientación sexual humana. Ahora, más de 70 años después, los científicos tienen a su disposición herramientas muy diferentes: los métodos para secuenciar el genoma humano y la bioestadística.

El papel de la genética en la configuración del comportamiento sexual humano

En un nuevo estudio publicado en Science, un equipo internacional de científicos, que se especializan en genética humana, se propuso estudiar el papel de la genética en la configuración del comportamiento sexual mediante el uso de la información proporcionada por 470.000 personas.

Los investigadores desean dar a conocer la siguiente declaración: “Nuestros hallazgos de ninguna manera deben interpretarse para dar a entender que las experiencias de las personas LGBTQ son “equivocadas” o “producto de un desorden”. De hecho, este estudio proporciona más evidencias de que el comportamiento sexual diverso es una parte natural de la variación humana general. Nuestra investigación está destinada a mejorar nuestra comprensión de la base genética de la conducta sexual entre personas del mismo sexo. No debe ser malinterpretado para menospreciar a las personas LGBTQ".

La lógica del estudio se basa en el hecho de que estudios anteriores han encontrado pruebas sólidas de que el comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo es en parte hereditaria, y por lo tanto, en parte se ve influenciada genéticamente: por ejemplo, los estudios de la conducta sexual entre individuos del mismo sexo en gemelos muestran que la herebilidad es de entre el 30% y el 40%. Este porcentaje es similar al de otros rasgos de comportamiento y personalidad. Por otro lado, la investigación también demuestra que la genética no es el único factor que influye en el comportamiento sexual –las experiencias ambientales y de la vida también contribuyen–.

Los objetivos de la investigación fueron:

Encontrar marcadores genéticos asociados con el comportamiento sexual de individuos del mismo sexo

  1. Examinar las vías biológicas que podrían estar asociadas con el comportamiento sexual de individuos del mismo sexo
  2. Comprender mejor la complejidad de la orientación sexual, explorando las diferencias genéticas entre mujeres y hombres; entre el comportamiento, la atracción y la identidad; y entre diferentes comportamientos sexuales
  3. Estimar hasta qué punto las variantes genéticas asociadas con el comportamiento sexual de individuos del mismo sexo también se han asociado con la personalidad, la salud reproductiva y la salud mental

Un enfoque GWAS

El ADN de cada persona fue genotipado y los investigadores utilizaron un enfoque de estudio de asociación para todo el genoma (GWAS) para:

  1. Identificar marcadores genéticos asociados con el comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo
  2. Explorar hasta qué punto la genética del comportamiento sexual de individuos del mismo sexo es la misma para las mujeres y los hombres
  3. Buscar evidencias de superposición entre los conjuntos de variantes genéticas que influyen en el comportamiento sexual de individuos del mismo sexo y las que influyen en la proporción de parejas del mismo sexo entre personas que, al menos una vez, tuvieron relaciones sexuales con alguien del mismo sexo
  4. Buscar evidencias de superposición entre los marcadores genéticos que influyen en el comportamiento sexual entre individuos del mismo sexo y aquellos que influyen en otros rasgos de personalidad, reproductivos y psiquiátricos

“Este es uno de los estudios más grandes hasta la fecha que examinan las contribuciones genéticas al comportamiento sexual entre personas del mismo sexo”, dijo James Morandini, becario postdoctoral en el Laboratorio de Diferencias Individuales de Cognición Social, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Sídney.

No existe un “gen gay”

A partir de los resultados, los investigadores no pudieron identificar ningún patrón entre las variantes genéticas que pudieran utilizarse para predecir o identificar el comportamiento sexual de una persona.

“Lo que encontramos fue que no hay un único “gen gay”, en cambio, hay muchos, muchos genes que influyen en la probabilidad de que una persona tenga o haya tenido parejas del mismo sexo”, dijo Brendan Zietsch, un futuro becario de ARC en la Escuela de Psicología de la Universidad de Queensland.

Zietsch continúa: “Individualmente, cada uno de estos genes tiene sólo un efecto muy pequeño, pero su efecto combinado es sustancial. Podríamos estar estadísticamente seguros sobre cinco ubicaciones específicas; también podíamos decir con gran confianza que hay cientos o miles de otros lugares que también juegan un papel, aunque no pudimos identificar dónde están todos”.

Los autores señalan que algunas de estas variantes genéticas están vinculadas a las vías implicadas en las hormonas sexuales y la olfacción. “Nuestros hallazgos proporcionan información sobre los fundamentos biológicos del comportamiento sexual entre personas del mismo sexo”, dijo Ganna. “Pero también subrayan la importancia de resistir las conclusiones simplistas porque los fenotipos conductuales son complejos, porque nuestros conocimientos genéticos son rudimentarios y porque hay una larga historia de mal uso de los resultados genéticos con fines sociales”.

Morandini añade: “Estos hallazgos sugieren que la arquitectura genética del comportamiento de personas del mismo sexo es compleja y que no existe una sola etiología genética para el comportamiento entre personas del mismo sexo”.

Limitaciones del estudio

Los autores reconocen que hay limitaciones en el estudio, incluidos los cuestionarios de auto informe que están sujetos a una interpretación errónea y para los cuales un participante tal vez se sienta incómodo proporcionando una respuesta.

“Creemos que alguna proporción de las respuestas pueda ser mal reportada”, señalan.

Estudiar los posibles fundamentos genéticos de ciertos rasgos no es tarea fácil: “Para un estudio de la genética de rasgos complejos, donde estamos mirando millones de marcadores genéticos cada uno con pequeños efectos, necesitamos un gran tamaño de muestra; para grupos tan grandes, la información detallada sobre los comportamientos sexuales de las personas a menudo no está disponible. Además, la fragmentación de datos en subgrupos más pequeños podría reducir la capacidad de detectar estos pequeños efectos”, añaden los autores.

Beilharz declara: “Por ahora, para entender lo que significa ser gay, podría ser más fácil manteniendo una conversación”.


Referencia: Ganna et al. 2019. Large-scale GWAS reveals insights into the genetic architecture of same-sex sexual behavior. Science. DOI: 10.1126/science.aat7693.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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